Sanar heridas para vivir tranquilos en el presente.
Lo resuelves y avanzas. Huyes y se repite.

¿Somos la generación de la máxima velocidad y del ruido?

Combinación explosiva, sobre todo para los que no tienen la más remota idea de hacia dónde van (y ni se lo preguntan). Siguen, porque la idea es “no bajarse de no sé dónde, para alcanzar quién sabe qué”.

Aún así, creo que si ese ritmo frenético fuera un trastorno o una enfermedad diagnosticable y tuviera un antídoto, muchos optarían por no tomarlo y seguir a lo suyo. Como si esta necesidad de vivir acelerados compensara algún tipo de vacío interior, algún miedo o intentara anestesiar algunas heridas del pasado.

No paran porque no quieren parar. Esquivan la pausa, la padecen. Incluso aunque se enfrenten a crisis personales, de valores, sociales, culturales, afectivos y/o profesionales, la velocidad que han cogido hace que continúen con el mismo ritmo y sin mirar hacia los lados. Así, las cosas que suceden terminan siendo sólo pequeños roces colaterales. Tal vez por ello también necesitan hacer mucho ruido, interrumpir e imponer sus puntos de vista. Un poco para no escuchar a los demás y otro poco para no escuchar su propia voz interior.

La esencia no se pierde, por mucho que creas haberte alejado de ella.

Aunque para reconectar con ella será necesario desarrollar una actitud humilde. La humildad nos permite mirarnos sin filtros para sanar heridas emocionales; nos da la fuerza que necesitamos para cuestionarnos y crecer. Por ello:

  • Si tienes miedo a ser tú mismo, reconócelo.
  • Si sientes un vacío interior, asúmelo.
  • Si no sabes bien de dónde puede venir, revísalo.

Es importante no seguir mirando hacia otro lado y escondiendo esos sentimientos porque el autoengaño, a fin de cuentas, no es más que un déficit de honestidad.

¿Quieres hacer más liviano tu viaje? ¿Transformar ese vacío en plenitud? ¿Aprender del pasado? ¿Conocer tus recursos internos? ¿Bajarte de ese ritmo frenético, conectarte con tu esencia y aprender a calmar tu mente y tu corazón?

¡Comienza el cambio ahora! 

Abandona la creencia de que sanar heridas emocionales sólo es un beneficio que obtendrán los demás.

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