Emprender con Inteligencia Financiera y Emocional.

¿Hay algo peor que el autoengaño para empezar un emprendimiento?

Uno de los más grandes errores de los emprendedores es creer que en su negocio serán capaces de administrar el dinero de forma más ordenada, responsable e inteligente que en su vida personal. “Son dos cosas distintas”, afirman convencidos.

Si en nuestra vida personal tenemos una relación “liviana” con el dinero ¿qué nos hace creer que será diferente en nuestro proyecto de negocio? Podrá variar la cantidad, el flujo y el origen, pero el dinero es el mismo y lo más importante es que detrás de él estamos nosotros y somos los que tomamos decisiones a partir de lo que pensamos y de lo que creemos con respecto al dinero (y con respecto a todo).

Muchas errores suceden en el camino porque empezamos basándonos en una hipótesis o en expectativas inciertas sobre nosotros mismos y no en una realidad. Somos racionales cuando entendemos que llevar un proyecto adelante es un tema serio que conlleva responsabilidad financiera y entereza emocional; y somos igual de irracionales cuando nos auto-convencemos que nos convertiremos en todo eso de la noche a la mañana y como por arte de magia.

Claro que no me refiero únicamente a cómo nos posicionamos frente al dinero, sino en cómo nos posicionamos frente a cada aspecto involucrado en cualquier emprendimiento personal y/o profesional.

Quiero decir, si no sabemos qué es un ingreso, un gasto, una inversión, una línea de crédito un presupuesto o una negociación, poco importan nuestras creencias sobre el dinero o el equilibrio emocional que hayamos desarrollado. Y lo mismo al revés; da igual cuán expertos somos en temas económicos y financieros si creemos que el dinero sólo está para gastarlo o si perdemos los nervios a la hora de tomar decisiones. En cualquier caso, antes o después, con suerte o sin ella, todo lo que intentamos se quedará en el intento o se hundirá como un castillo de naipes.

Efectivamente, todos tenemos creencias, pensamientos, conocimientos, habilidades, fortalezas y debilidades que operan en cada uno de los ámbitos de nuestra vida, juguemos el rol que juguemos.Aunque lo cierto también es que podemos trabajar para cambiar, mejorar y/o potenciar cada uno de esos recursos y de eso se trata la inteligencia financiera y emocional. 

Carol Dweck, autor del libro “Mentalidad. La nueva psicología del éxito”, afirma: “En la población general, hay un 40% de personas con mentalidad fija, otro tanto con mentalidad de crecimiento, y un 20% con una combinación de ambas. Ahora, si analizamos qué ocurre entre ejecutivos, deportistas y científicos exitosos, la mayoría tiende a tener una mentalidad de crecimiento. Uno no llega a la cima sin el deseo de crecer y la habilidad de aprender de los propios errores. Son los que reciben bien las críticas, confrontan sus deficiencias y trabajan, trabajan, trabajan para ser mejores”.

Las personas con mentalidad de crecimiento ven un emprendimiento como una serie de retos y oportunidades para aprender, capitalizar y construir. Las personas con mentalidad fija entienden que harán lo que puedan con lo que son y con lo que hay; que uno tiene que arreglárselas con lo aprendido en su momento y nada pueden hacer para cambiar. Piensan en sus recursos como activos fijos e inamovibles y sólo accionan para evitar problemas. 

Como emprendedores, necesitamos tener mentalidad de crecimiento. Necesitamos entender que todo tiene que ver con la manera de pensar.

Las personas exitosas y con este tipo de mentalidad tienden a centrarse en el aprendizaje, la solución de problemas y el mejoramiento constante de sí mismos a través de la educación -intelectual y emocional- que puedan adquirir para construir cualquier proyecto con éxito.

Montse Baró, nuestra especialista en Inteligencia financiera y emocional, lleva años facilitando el camino a los emprendedores para que puedan conseguir sus objetivos con éxito. En la mayoría de los casos -nos dice-, los conocimientos respecto a la terminología financiera son bien absorbidos por las personas y rápidamente se familiarizan con ellos y están preparados para aplicarlos en la práctica. Tal vez -reflexiona-, la cuestión más “sensible” sucede cuando se conectan con sus creencias y pensamientos; cuando toman conciencia de cuánto tiene que ver todo ello con sus formas de “hacer”.

Cada proceso es revelador, según sus palabras. Las personas con mentalidad de crecimiento se resisten al autoengaño, están dispuestas, se descubren y se dan cuenta que pueden cambiar, mejorar e incluso desarrollar una seguridad y confianza más genuina en sí mismos.

Quienes llegan con la mentalidad fija suelen escabullirse o auto-boicotearse al principio, pero antes o después descubren que sus recursos no son activos fijos y que son permeables a nuevos aprendizajes intelectuales y emocionales.